En la última década, la gastronomía ha dejado de ser solo una experiencia sensorial para convertirse en un fenómeno visual. Dentro de esta tendencia, hay un protagonista que ha sabido conquistar el algoritmo de Instagram como ningún otro: el cachopo asturiano. Pero, ¿es solo estética o hay algo más detrás de su viralidad?
El efecto “Foodie”: Por qué el cachopo es el rey de la cámara
Si navegas por etiquetas como #FoodPorn o #InstaFood, es casi imposible no toparte con la imagen de un cuchillo cortando una carne empanada de la que brota una cascada de queso fundido. Este componente visual es la clave del éxito en redes sociales.
A diferencia de platos más minimalistas, el cachopo ofrece un espectáculo de texturas y dimensiones que capta la atención en el primer segundo del scroll. La generosidad del plato no solo sacia el apetito, sino que alimenta el perfil de cualquier creador de contenido.
Las claves de su éxito viral: por qué gusta el cachopo
Para entender este fenómeno, debemos analizar por qué gusta el cachopo tanto a los nativos digitales como a los comensales tradicionales. No se trata de una moda pasajera, sino de una combinación de factores que Instagram ha sabido potenciar:
- El factor “Wow”: Su tamaño XXL desafía las leyes de la perspectiva en una fotografía. Un cachopo que sobresale del plato es garantía de interacción y comentarios.
- El queso derretido (Cheese Pull): Hay pocos placeres visuales tan universales como el queso fundido. El momento en que se separa el primer trozo es el “pico de atención” en cualquier Reel o TikTok.
- Autenticidad y tradición: A pesar de su aspecto moderno y sus rellenos innovadores, el cachopo mantiene una conexión directa con la tradición asturiana, lo que le otorga un valor de “comida real” (Real Food) muy valorado hoy en día.
- Experiencia compartida: Es un plato que invita a la reunión. Las fotos de grupos de amigos alrededor de un cachopo gigante refuerzan la idea de que comer es un acto social.
De la pantalla a la mesa: El marketing de la recomendación
Instagram ha funcionado como el escaparate gratuito más grande para las sidrerías asturianas. Muchos restaurantes han adaptado incluso su emplatado o iluminación para que los clientes puedan tomar la “foto perfecta”.
Este ciclo de: Ver – Antojarse – Visitar – Publicar ha hecho que el interés por el cachopo crezca de forma exponencial en ciudades alejadas de Asturias, como Madrid, Barcelona o incluso fuera de España. El usuario ya no solo busca comer bien, busca vivir la experiencia que vio en su pantalla el día anterior.
Conclusión
El cachopo ha encontrado en Instagram su mejor aliado. Es el ejemplo perfecto de cómo un plato tradicional puede evolucionar y adaptarse a los nuevos tiempos sin perder su esencia. Su éxito nos demuestra que, en la era digital, la comida entra primero por los ojos, se comparte con el pulgar y se disfruta, por supuesto, con el paladar.
